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domingo, 12 de octubre de 2008

El coñazo

12 de Octubre de 2008

Luis del Pino
Para acabar echando a María San Gil del partido y neutralizar cualquier posibilidad de que Esperanza Aguirre pudiera presentar una candidatura alternativa, Rajoy sí tenía energías y no tuvo reparo en que su equipo recurriera a las más miserables maniobras. Para pararle los pies a Zapatero, para meter en cintura a Miguel Sanz, para plantar cara a los nacionalistas con todas las consecuencias, para movilizar a su electorado contra el proceso de transformación social puesto en marcha por el PSOE o para promover el respeto a los símbolos nacionales, Rajo no tiene ni fuerzas, ni ganas, ni voluntad. Todo es un coñazo a la hora defender lo que es bueno para España, pero para impedir que nadie pudiera amenazar su elección como presidente del PP sí que trabajó como una bestia y no vaciló en usar todas las armas a su alcance.
Ése es Rajoy: alguien de quien no podemos esperar que lidere o proponga ninguna iniciativa que permita desbaratar los planes del PSOE en materia territorial o social, pero que hará todo lo posible por evitar que otras personas que sí desean desbaratar esos planes puedan llegar a hacerse cargo del partido.

Lo malo del desliz de ayer no es que Rajoy dijera que el desfile del 12 de octubre es un coñazo. El que lo dijera es indiferente. Lo malo es que ese desliz indica a las claras que eso es lo que Rajoy piensa en su fuero interno acerca del desfile: que es un coñazo. Para Rajoy, ese desfile no es una forma simbólica de expresar el orgullo de sentirse español, no es una oportunidad de promover ese orgullo como antídoto frente al cáncer nacionalista que se está comiendo España. Para Rajoy, ese desfile es un puro tostón, una obligación, una tradición caduca y trasnochada que nada le dice y nada le inspira, y en la que no ve ninguna oportunidad de transmitir unos valores encarnados en un cierto contenido simbólico...


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Una heroica suscriptora de ABC

AQUEL día de febrero de 1936, un maestro sastre de Sevilla llamado Antonio Burgos Carmona se encaminó a las oficinas de ABC. El Frente Popular acababa de ganar las elecciones, y su padre, Antonio Burgos Sánchez, conocedor del paño de la condición de los españoles como antiguo jornalero, soldado en la guerra de África cuando el Barranco del Lobo, cochero de casa bien, crupier hasta que el general Primo de Rivera prohibió el juego y luego reconvertido camarero, le había advertido:
—Hijo mío, no te signifiques, que tú tienes clientes de derechas y clientes de izquierdas y tienes que comer. Yo que tú me daba de baja como suscriptor del ABC, lo está haciendo mucha gente, lo oigo todas las tardes en el Hernal.
El alfayate, buen hijo, cumplió el consejo paterno. Y desde aquel día de febrero de 1936 dejó de llegar la suscripción de ABC a su sastrería, que estaba entonces en la Avenida de la Libertad, 26, como antes lo había estado en Gran Capitán, 26 y luego, sin moverse de sitio, habría de estarlo, con los cambios de regímenes y de números de gobierno, en Avenida Queipo de Llano, 22 y Avenida de la Constitución, 22.
El tiempo, en breve, le dio la razón sobre la suscripción de ABC a aquel andaluz sabio aunque iletrado que fue mi abuelo. Cuando ya había estallado el Movimiento y parecía que la guerra iba a durar poco, con la bandeja de camarero en la mano, con su largo mandil blanco llegándole hasta los pies del esmoquin, se lo comentaba a sus clientes habituales en las tertulias de los altos del Café Hernal, donde una tarde por cierto le había servido a un tal José Antonio Primo de Rivera, que lo apuntó en Falange. Desde el Madrid que aún no habían tomado las columnas de Yagüe llegaban las noticias del terror rojo, que avalaban su precaución y miedos:
—Yo ya se lo dije a mi Antoñito, que lo han movilizado y está ahora el pobre en el frente del cinturón de hierro de Bilbao: date de baja como suscriptor de ABC, hijo. Y en Madrid, ya ve usted lo que ha pasado, que lo dijo anoche Unión Radio Sevilla: que están fusilando a mucha gente de derechas porque han cogido las listas de suscriptores de ABC.
Yo creía que, superados por la concordia constitucional, habían pasado ya a la Historia aquellos tiempos del terror del pleno al 36 de odio y revancha que tan bien se conocía mi abuelo, el crupier reconvertido en camarero.
Estaba equivocado.
Con mucho cuidadito y tras grandes esfuerzos e inversiones de dinero público, estos señores han conseguido cargarse aquel clima de concordia que la Monarquía trajo a la transición y si eres suscriptor de ABC, de momento empiezas otra vez a ser sospechoso, y después ya veremos. En la misma Sevilla donde mi abuelo le recomendaba a mi padre que se diera de baja de ABC, a una señora no la han fusilado todavía por ser suscriptora, pero parece que vamos camino de ello.
En la Audiencia de Sevilla se va a celebrar la vista oral del llamado «Caso Macarena» de las facturas falsas del Ayuntamiento, proceso en el que unos cabezas de turco son acusados de presuntos delitos de malversación de fondos públicos y falsedad, en unos hechos por los que, oh milagro, no hay encartado concejal alguno ni nadie del equipo de gobierno de la coalición de perdedores entre socialistas y comunistas que arrebataron el poder al PP que sacó mayoría en las urnas. Y como inicio del proceso judicial, se ha constituido el jurado popular que habrá de emitir su veredicto. Lo cual no tendría mayor importancia si no hubiera prevalecido ante la Sala la tesis de los abogados de la defensa, que han recusado como jurado a una señora, dicen que persona serena, joven, con muy buena formación, ¿saben ustedes por qué incompatibilidad inconfesable y socialmente peligrosísima? Pues porque en la entrevista de selección le preguntaron si leía con asiduidad, y respondió:
—Sí, leo el ABC todos los días, soy suscriptora.
¡Anatema sit! Los suscriptores de ABC, naturalmente, son potenciales peligrosos sociales. ¿Cómo va a estar en un jurado popular una señora que por su lectura diaria tiene inoculados virus tan dañinos como la libertad, la verdad y la independencia? Hombre, si por lo menos fuera suscriptora de «Público» o leyera el pasquín de Enrique Sopena...


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viernes, 10 de octubre de 2008

¿Cuántos días trabajo para Castro?

Ayuda a Cuba

Lo importante para los hermanos Castro es la universalización de la Revolución y eso, señores, en España se llama ETA. Los etarras conocen a la perfección el lenguaje revolucionario y se han entrenado en sus campos.

Matías Jove

Este madrugón para el Día de las Noches Blancas, esta jornada extra enterita para lo de la igualdad, las dos horas de reunión con el jefe para la kultura y, el resto, bueno, el resto, para Fidel Castro.

De cada semana, lunes y martes los paso enteros trabajando para el Gobierno de turno. Sí, hagan ustedes el cálculo con la Calculadora del Contribuyente de la Institución Futuro. Bueno, no lo hagan si no quieren ponerse nerviosos cada vez que se encuentran ante sus ojos un gasto público irresponsable.

Pero en el caso de la cooperación con Cuba la irresponsabilidad del gasto puede devenir en suicidio. La reciente deportación de la cooperante Gracia Recojo a España vuelve a poner sobre el tapete una realidad que nos puede poner los pelos de punta a unos cuantos: Cuba es uno de los pocos países en los que la cooperación al "desarrollo" ha de realizarse exclusivamente a través del Gobierno cubano. Es bien sabido que lo más le importa a la dictadura no es el bienestar de su pueblo sino la exportación de su Revolución por todo el mundo. Por eso, según contaba esta semana un periodista independiente de Pinar del Río, el Gobierno no duda en vender en tiendas de divisas (sólo para extranjeros) cajas de medicinas con el cartel impreso de "donación"...


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La izquierda contra la sangre de mayo

Repulsión a la patria

A Díaz le complacería que Aguirre hubiera patrocinado una película en la que los madrileños de 1808 hubieran dicho que la nación española es un concepto discutido y discutible y que hablaran a los mamelucos de la alianza de civilizaciones.

Jorge Vilches

Sangre de Mayo, la película de Garci, no gusta a la izquierda. El País dijo que la subvención recibida para su filmación tiene un cierto tufo a "pago de favores". Por otro lado, José Antonio Díaz, del PSM, e Inés Sabanés, portavoz de IU en la Asamblea de Madrid, apuntan a que la designación del cineasta es una intromisión de la política en la cultura. Es más, el socialista dice que el contenido de la "cinta" está basado en "criterios ajenos a los culturales". Todo se debe, dice el esclarecido portavoz, al "liberalismo" de la presidenta de Madrid y a su "defensa de un concepto de patria".

A estas alturas, la falta de autoridad de cualquier representante de la izquierda para denunciar una supuesta dirección política de "la cultura" es tan palmaria que si la declaración no estuviera en el ámbito de la política produciría sonrojo. Y más en el campo del cine español, donde los autos de fe progres son requisito imprescindible para sobrevivir y evitar la muerte civil.

Pero la chispa en la declaración de Díaz está en la argumentación: es que Esperanza Aguirre es liberal y tiene un concepto de patria. Es decir, la presidenta está tocada con dos de los sambenitos preferidos de la izquierda iletrada: la presidenta profesa una ideología que no es de raíz socialista y, para más inri, es patriota. Evidentemente, en el imaginario psicotrópico izquierdista esto sitúa a Aguirre, y a cualquiera que piense igual, en los lindes del protofascismo. No es broma. Una parte importante de las nuevas hornadas que están llegando a las universidades españolas cree que existen claras similitudes entre el liberalismo y el fascismo, así como entre el comunismo y la democracia.


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Cuestión de locura

ZP se aferra al poder

El plan de Zapatero ya ha arruinado la poca democracia que quedaba en este páramo intelectual y político. Sí, sí, a partir de ahora no lo duden, todo será un golpe cotidiano contra una sociedad fosilizada y ajena a los vientos primaverales del mundo.

Agapito Maestre
España está enajenada y embrutecida. España está en manos de Zapatero. España ha quedado reducida a los designios de un político tan riguroso y sucio en el corto plazo como cruel será a la larga en la aplicación de ese programa basura, de guerra civil y palo al clero, de memoria opaca y futuro clausurado, de pan y circo, que sólo quiere hacer la lobotomía a una sociedad sin pulso democrático. España entera depende de un político que basa su fuerza en el resentimiento a la excelencia. Este hombre hará tragar el polvo a todos sus adversarios. Todos comen ya en la mano de este tipo que, ayer, se reía de los que hablaban de la crisis, pero hoy la eleva a categoría para mantenerse eternamente en el poder. Zapatero actúa ya sin máscara. Zapatero ejecuta su programa de salvación. El resto es silencio.

Repito y repito: la crisis económica, montada sobre la mayor crisis moral que ha padecido nunca la sociedad española desde el siglo XIX, le hará crecer y crecer en su poder. Nadie osa detenerlo. Nadie se atreve a ilustrarse. Nadie arriesga sus testículos. La indignidad es el destino de los políticos que callan y tragan. Antes, hace unos meses, Zapatero proponía de vez en cuando algunas cosas; ahora, cuando el pánico invade al enfermo cuerpo social, ya sólo impone. Hablar no sirve de nada. La imposición es su programa. No necesita a nadie para presentarse ante la prensa y explicar su plan. No necesita ministros ni expertos para explicar al Parlamento cómo salir de la crisis. Zapatero sólo necesita decidir, decidir y decidir...


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miércoles, 8 de octubre de 2008

Vaya trío

El Rey, Gallardón y ZP

"El señor Alcalde es un personajillo que supo administrar la herencia que le significó el llevar el apellido de su padre y sólo conoce la libertad al más puro estilo cubano. Se diría que fue él mismo quién inspiró el artículo 52 del texto caribeño."

Juan Morote

Repentinamente, como inspirados por los tonos ocres y encendidos del otoño, tres Mosqueteros de incalculable valor han salido de sus refugios para aprestarse a defender la libertad de prensa. Tan egregios defensores de la libertad son, sí créanme que son ellos, Juan Carlos de Borbón, Alberto Ruiz Gallardón y José Luis Rodríguez Zapatero.

Le aseguro, querido lector, que el estupor que produce la contemplación de semejante oda a la hipocresía no es nada despreciable. Veamos cuál ha sido la secuencia de los acontecimientos. Con ocasión de la inauguración de la Asamblea General de la Asociación Internacional de la Prensa, han intervenido nuestros tres adalides. Así por orden de aparición, como los actores secundarios en los títulos de crédito, el primero fue el Rey, el segundo el Alcalde y el tercero el Presidente.

El monarca destacó que los poderes públicos deben garantizar la libertad de prensa y pidió a los periodistas que desempeñen su tarea de una forma "veraz e imparcial". Lo que ignoramos es que entiende él por veraz y por imparcial, cuando con ocasión de la celebración de la fiesta –de lo que queda de la Hispanidad– el próximo día doce en el Palacio Real, ha prohibido la asistencia de prensa aduciendo peregrinas razones de espacio. Este señor ignora que los españoles tenemos derecho a saber qué sueldo le pagamos y qué incrementos ha experimentado, además de otras cosas menos trascendentes.

En segundo lugar ha aparecido Alberto Ruiz, preboste del Palacio de Correos, fatuo ideólogo rajoyesco e inquisidor mayor de la villa y corte con todo aquél que no le hace la ídem. Así, tras perseguir denodadamente a Federico Jiménez Losantos por haber dicho la verdad (ya se sabe que en ocasiones las verdades duelen) se permite el alcalde decir que "quien cercene la libertad de expresión de los periodistas difícilmente podrá ser reconocido como democrático". Pues nada Albertito, tú como Fidel. Este Albertito, el señor Alcalde, es un personajillo que supo sabiamente administrar la herencia que le significó el llevar el apellido de su padre y sólo conoce la libertad al más puro estilo cubano. Se diría que fue él mismo quién inspiró el artículo 52 del texto caribeño. Este precepto reconoce libertad de prensa para ayudar a la construcción de la sociedad socialista y se prohíbe la propiedad privada de cualquier medio de comunicación. Así que ya se ve, libertad sí, pero para alabar al intendente de la ciudad.

Y por último, Roland, Parsifal, Amadis y Tirante el Blanco no juntaron en sus hazañas el arrojo y la gallardía que ha demostrado José Luis Rodríguez, en defensa de la libertad. ¡Qué cara más dura! Después de cinco años persiguiendo a todos los medios que no son afines al Gobierno, tras calculadas oleadas de descalificaciones –hacia los pocos que resistimos en España– amamantadas en Ferraz, de concesiones sectarias de emisoras, de repetidas comparecencias de Pepe Blanco y adláteres amenazando a la Conferencia Episcopal si no cerraba la COPE. Después de las orquestadas campañas contra la libertad, de las que han sido cooperadores necesarios la mayoría de empresas de la comunicación, José Luis Rodríguez se despacha ahora alabando las bondades de la crítica al poder. Decía La Rouchefocauld que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, nunca fue más cierto.


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