miércoles, 12 de septiembre de 2012

“El Borbón, traidor compulsivo, vendió España al comienzo de la transición”

 
 
Por Enrique de Diego.-
El Borbón, traidor compulsivo, vendió España al comienzo de la transición y ahora se recogen los frutos amargos de la siembra podrida. El Borbón se entregó a los separatistas, a cambio de que respetaran su puesto de trabajo. Ya desde el principio quiso dar la independencia a Vascongadas.

Fernando VII era patriota ilustrado al lado de este felón. Echar a los Borbones es fundamental para salvar a España.

MAS CHANTAJEA AL ESTADO: PACTO FISCAL O INDEPENDENCIA

Ante la desintegración del Estado, el president de la Generalitat, Artur Mas, ha dicho hoy que si el Gobierno central no concede a la comunidad catalana el pacto fiscal, “el camino de Cataluña hacia la libertad está abierto”. Lo ha dicho en declaraciones a los periodistas tras el acto institucional del Govern y el Parlament en el parque de la Ciutadella de Barcelona al ser preguntado por el corresponsal en España de la BBC sobre cuál es su estrategia para Catalunya.

En inglés, Mas ha indicado que Cataluña reivindica el dinero que “produce”, recalcando que lo que ahora es necesario es que Catalunya tenga las herramientas que necesita para combatir la crisis económica. Mas ha dicho ser consciente de que “no será una negociación fácil con el Gobierno central”, pero su objetivo será “intentar alcanzar un acuerdo para dar así a Cataluña “las herramientas que necesita para construir su futuro nacional”.

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¿DÓNDE ESTÁ EL REY?

 
 
Antonio Valdivia.- 
Con todos mis respetos Majestad. Me hago un sin fin de preguntas ante la situación que vive el país que usted reina o sobre el que ejerce la más alta dignidad del Estado. A día de hoy, ya no se si está o se le espera, viendo los acontecimientos que vivimos en lo que ya es casi “Expaña”·.

No se si recuerdo bien que un 23 de febrero, creo que de 1981, ejerció de Jefe del Estado y de Capitán General de todos los Ejércitos. Desde entonces solo le veo en Marivent, cazando elefantes o tratando que aguantar el chaparrón.

No le ví cuando se aprobó la Ley del Aborto. Ante una Ley así, el Rey Balduino de Bélgica abdicó al ser católico, con el fin de ser consecuente con su fe. Su indiferencia constituyó para mi, que soy católico, un gran escándalo y una dejadez inconsecuente con su rango.

Entre sus funciones está, si no ando mal informado, sancionar las leyes que el Consejo de Ministro y la Cámara le presentan. Por ello le eché en falta ante muchas sentencias de Tribunal Constitucional, tendentes a la ruptura de su Reino, que no es otro que España.

Su silencio estrepitoso ante las ansias separatistas de dos regiones de España clama al cielo y además enfurece a los españoles honrados y dignos, que conocen su historia y saben que gracias a muchos españoles y catalanes, hoy asienta sus posaderas en el trono real de este país.

No le veo salir en defensa de sus oficiales subordinados que alzan sus voces contra los desmanes que estamos padeciendo los españoles por la dejación de funciones y deslealtad al cargo, jurado o prometido, delante de Vd. tras la formación de un Gobierno.

No le veo en Cataluña proclamando que es España y que jamás permitirá la secesión de un territorio del Reino, que le mantiene hasta ahora. Más bien, se le echa a faltar en acontecimientos tan dramáticos para el resto de los españoles.

Cuando analizo la ausencia de su regia persona en estos tristes momentos que atravesamos, recuero a un tal Carlos IV y su “glorioso hijo”, que nada más nos trajo desgracias. A aquel le gustaba la carpintería y a este, usted, Majestad, le gusta la caza.

Es no menos curioso, que algún miembro de la Familia Real y por más señas, un yerno, ¡Oh casualidad!, catalán, se vea imputado en casos de corrupción, y contra el cual no veo que se haya pronunciado claramente.

Hoy, los españoles le echamos de menos en Cataluña, esa hija díscola que mucho ha contagiado a al tal Urdangarín, que tantos quebraderos de cabeza le producirá.

Hoy le pedimos que se pronuncie en favor de España, su Reino, no su finca de vacaciones. Echamos en que la autoridad más importante del Estado dé soporte a los españoles de bien y se pronuncie en favor de las leyes vigentes y de la continuidad histórica de España. Cataluña es parte de España y como tal debe defenderla de esa casta malsana de indecentes políticos separatistas.

Majestad, pronúnciese cuanto antes y, como en aquel 23 de febrero, ofrezca un mensaje claro y rotundo. Lo está esperando su pueblo. Lo exige la gravedad del momento.

*Colaborador de AD y experto en temas militares.

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sábado, 8 de septiembre de 2012

La estafa democrática o la otra cara de la libertad

 
No es fácil respetar esta democracia, sobre todo con bacilos tan perniciosos como los de esa casta que la emprenden contra Alerta Digital sólo porque no bailamos al son de su misma música. Una auténtica democracia sólo puede ser posible sobre la base del compromiso a la tradición de un país y de una recta concepción de las personas, reducidas en España al mero papel de figurantes en los fraudulentos procesos electorales.

La democracia no es una concepción de la vida ajena a los valores, que son fundamentales y globales, incluidos el de la cultura y la identidad de los habitantes de un Estado. Cuando esos valores se desintegran, la propia democracia entra en una profunda crisis de identidad. La Constitución de 1.978, a diferencia de la norteamericana, se edificó sobre valores que fueron negociados y otros aún más genuinos que simplemente han sido desde entonces ignorados o relegados.

Una auténtica democracia, como la que el PP no quiere defender, es sobre todo el fruto de una aceptación convencida de valores tan innegociables como la dignidad de los naturales del país, el respeto de los derechos de cada español a proclamar y defender su identidad, la asunción del “bien común” como fin y criterio regulador de la vida política. Al faltar el consenso general de estos valores entre la casta dirigente, España ha perdido el significado de la democracia y se llega incluso a comprometer su estabilidad.

También es hora de que unos y otros, en estas horas de derrota nacional, reflexionen sobre algunas lecturas que nos deja el fracaso de este modelo político instaurado con engaños, deslealtades y traiciones en 1978. Se pone cada día más de manifiesto la creciente distancia entre administrados y administradores. Entre las deformaciones del sistema democrático español, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia, compromete el correcto funcionamiento del Estado, influye negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados e introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas. La corrupción, por desgracia, se ha generalizado sin freno en prácticamente todos los estamentos dependientes del poder político, a tal fin que la política ha sido concebida como un medio de vida y no como un instrumento eficaz de gestión.

Tampoco nuestra democracia ha hallado ni tenido voluntad de encontrar fórmulas que permitan la participación real y efectiva de la sociedad civil en los asuntos que le conciernen. Relegada al papel de mera comparsa, la sociedad civil española ha tenido prácticamente imposible sacar adelante cualquier propuesta o idea si no era a través de los férreos cauces de los partidos tradicionales. Ser todos activos, en la democracia, significa dar un cauce de expresión a las propias facultades y talentos, a la multiplicidad de dones que posee cada ser humano, en grados diversos, sin que la adhesión a un partido o a una consigna termine siendo lo único importante. La democracia no concuerda ni con la tiranía de los partidos ni con la falta de atención de éstos a otras ideas y otros intereses que no sean los que sus líderes y las entidades supranacionales defienden.

Pero de todas las carencias y limitaciones de nuestra democracia, ninguna como la provocada por esa criatura monstruosa, contraria a natura, que está introduciendo en España todos los gérmenes de la fragmentación y el tribalismo. No lo digo yo, el recientemente fallecido Peces-Barbas, padre de la Constitución, también lo reconoció en uno de sus extrañísimos arrebatos de sinceridad: De las autonomías de 1.978 hemos pasado a unas reformas estatutarias caracterizadas por tres principios: improvisación, debilidad del Estado y deseo de unas comunidades de ser más iguales que otras.

La presencia ahora de Bildu en las instituciones avala nuestras dudas. Nunca se debió negociar la apertura para España de un régimen autonómico sin antes haber definido y afirmado del modo más contundente la esfera de las competencias que un Estado soberano no puede negar o compartir sin renegar de su propia esencia. El principio de las autonomías ha sido siempre un poderoso factor de debilitación de los Estados unitarios –unitarismo no quiere decir uniformismo- a base de forzar particularismos internos o limítrofes, aspirantes a una soberanía propia. La Historia lo ha demostrado con ejemplos concluyentes, del que tal vez, el de la antigua Yugoslavia sea el más reciente.

Con la complicidad por acción u omisión de casi todos, incluida la representación de la más alta magistratura de la nación, los ardides independentistas y el enfrentamiento con el Estado no se encubren, llegándose a extremos tan grotescos como el de los virreyes autonómicos desafiando a ese mismo Estado del que emana toda su legimitidad política.

Ante la puesta en cuestión del sistema partitocrático, las voces más dispares en su ideología claman estérilmente. Uno de las razones principales del fracaso democrático en España ha sido el apoyo hipotecado que los nacionalistas han prestado a los distintos gobiernos nacionales para que el interés nacional quedase supeditado al de unos pocos. Sembrar la semilla de la desunión entre las regiones y los hombres de España, despertando en ellos dormidas apetencias o fomentando las nuevas, es una de las más grandes responsabilidades que la casta española asume frente a la Historia.

La consumación de esta gran farsa histórica se encuentra privada de cualquier derecho, ya que la responsabilidad rechazada es solo la otra cara de la libertad.

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La democracia ha provocado la quiebra de España y una sociedad corrompida, anestesiada y dormida

 
José Alfredo García Fernández del Viso.- 
El sistema actual tras más de treinta años de su imposición y aplicación ha hecho aguas por todos lados, hasta situarse en el más profundo de los hundimientos posibles.

Asistimos impertérritos a una crisis económica, siendo su dimensión mucho más amplia al abarcar el panorama sociológico del país. La crisis no deja de ser consecuencia del sistema mismo. En este compendio nos encontramos por el empecinamiento y la apatía de muchos españoles. La sociedad española se encuentra anestesiada, fruto de un proceso premeditado desde las altas instancias del sistema. No interesó ni interesa una población fuerte, aguerrida y pensante, sino todo lo contrario, para ello han utilizado todos los resortes del poder, destacando de un modo notable el audiovisual, dónde programas vergonzantes constituyen la enseñanza diaria.

A ello debemos sumar un “buenismo” exasperante, con una falta de implicación propiciada también por el sistema, las frases de una madre a un hijo ahora son; no te metas en nada, vale más pasar desapercibido, etc.

Todo ello fue pronosticado a la muerte del anterior jefe del estado, Francisco Franco, por unos pocos españoles, por unos verdaderos patriotas que sin interés particular de ningún tipo, veían como con el tiempo ese axioma del refranero español se iba a cumplir inexorablemente una vez más; estos polvos traerán estos lodos.

Sin embargo esos buenos ciudadanos, preocupados por la situación que se avecinaba, fueron tildados de “ultras”, “extremistas”, “fascistas” y demás calificativos. El sistema no quería escuchar la verdad, sólo pretendía desmantelar un modelo que funcionaba para substituirlo por otro dónde el oro, oropel y la poltrona fueran los valores predominantes. Mientras antaño se enarbolaban los principios de Dios, Patria y Justicia Social.

Se advirtió, y ahí están las hemerotecas para atestiguarlo, del peligro sobre la implantación de las autonomías, ya no sólo desde la perspectiva de unidad nacional, sino desde el frente socioeconómico, dónde se alertó en numerosas ocasiones del peligro fiscal que se avecinaba en su implantación, así como del terrible costo en su sostenimiento.

Ante ello, una vez más el sistema hizo oídos sordos, literalmente se río de esos buenos españoles, arrinconándolos, silenciándoles e incluso apartándolos de la vida pública, de la terrenal incluida. Han transcurrido los años desde entonces, y la situación pronosticada se ha visto plasmada punto por punto para desgracia nuestra.

España, ya no es España, somos una entelequia dónde sólo podemos sentirnos orgullosos de la misma a través de logros deportivos. Esa es nuestra única esperanza, desde luego, gran tristeza.

Nos hemos convertido como antaño, siglos atrás, en reinos de taifas, destacando el aldeanismo, el cual campa por doquier, intentando doblegar al Estado. Hemos llegado al punto del disparate sin igual, donde un ciudadano español no puede trabajar en todo el territorio nacional, ya que debe saber la lengua provinciana de cada lugar. Un niño ve limitados sus conocimientos, dependiendo de su lugar de cuna, estudiándose unas materias distintas en cada lugar, amén de su lengua. Ello se ha visto reflejado en varias generaciones pérdidas, es duro decirlo, pero es la realidad.

Cada lugar se ha erigido en un mini estado, triplicándose la administración con cargos altamente renumerados, cuyas funciones son nimias. Hemos pasado de ser un gran estado central, a 17 estados con 17 administraciones, con sus diputaciones, más órganos provinciales y locales.

Nadie es valiente para decirlo, las autonomías nos han destruido, destrozado y arruinado. Muchos de sus autores se encuentran vivos, siendo incluso homenajeados por tal disparate. España no tiene capacidad suficiente como para mantener una multiplicidad constante de gobiernos y de entes artificiales. El “no es esto” orteguiano, se pone de manifiesto ahora más que nunca. Se intentó premiar a localismos absurdos, cuando España durante cerca de cuarenta años vivió una de sus épocas de mayor apogeo, donde el español se encontraba orgulloso de serlo y donde desde la nada nace una nueva clase social española, la gran clase media. En esos años se crea la seguridad social, el sistema público de pensiones, las vacaciones renumeradas, pagas extras y una larga lista de logros sociales, los cuales se están perdiendo cual desprendimiento de rocas incesante, debido a lo que como decía antes nadie quiere expresar: el estado de las autonomías.

El tejido funcionarial se ha multiplicado por 100, existiendo puestos y más puestos públicos sin necesidad. Incluso se crean plazas denominadas de interinos, dónde transcurren los años sin que dicha plaza se ocupe por un funcionario de carrera, costeando sobre nuestras espaldas miles de trabadores sin concurso, oposición o mérito para ello. Sólo el ser amigo o conocido de tal.

Los liberados políticos y sindicales campan a sus anchas por territorio nacional. Ayuntamientos inicuos, con un censo poblacional mínimo cuentan con toda una estructura municipal, destacando sus concejales liberados a costa del erario público.

Partidos políticos formados por vividores de la política, donde lo de menos es paliar el sufrimiento ajeno, sino asegurarse una poltrona hasta la edad de jubilación, bien a través de cargos públicos, bien mediante sociedades creadas para el sustento de los mismos.

Sindicatos vendidos al mejor postor, donde la defensa hacia el trabajador brilla por su ausencia, predominando el sueldo por no hacer nada, o en todo caso la asistencia a unas pocas reuniones dónde el final se halla acordado por anticipado.

Esta es la radiografía de España, triste placa vista al trasluz. Pero en contraposición es cierto que en España se puede asesinar a miles de inocentes antes de nacer en el vientre de su madre. Los homosexuales pueden equipararse a las parejas naturales contrayendo matrimonio y en el colmo llegando a adoptar a criaturas, las cuales jamás verán a una madre. El amor libertario en cualquier lugar público está a la orden del día, no pasa absolutamente nada por colocar películas con un contenido alto de escenas sexuales en cualquier horario. ¡Es bueno que los niños se empapen de esas cosas! Ya que mientras pretenden emular a esos personajes, no piensan ni pensarán nunca que son españoles, y que hubo momentos en que nuestra patria marcó el rumbo a más de medio mundo.

Fantásticos programas televisivos donde personas de una talla cultural e intelectual ridícula, se convierten por arte de magia en iconos juveniles y no tan jóvenes.

Hemos fabricado generaciones de holgazanes, es durísimo decirlo pero no queda más remedio. Miles de trabajadores son prejubilados con sumas de dinero mensuales, mientras el tejido empresarial ve mermadas sus posibilidades. Personas españolas cobrando peonadas en muchos lugares de nuestro territorio patrio, el denominado PER, mediante el cual sin trabajar se cobra. Muchos otros inscritos como demandantes de empleo, pero rechazando muchos puestos de trabajo, porque la prestación es más elevada de lo que ofrecen. Cientos de personas defraudadoras de la seguridad social, fingiendo enfermedades artificiales para evitar el trabajo. Esto es lo que la democracia liberal capitalista nos ha legado.

Todo ello revierte en una sociedad corrompida, anestesiada y dormida.

Ahora, como un tiro de gracia nos inyectan una suma máxima de 100.000 millones de euros. Primera pregunta ¿dónde se encuentran dichos euros? Segunda pregunta ¿alguien los ha visto? Tercera pregunta ¿quién los tiene?

El problema macroeconómico precisamente radica en esta básica cuestión, no existe dinero, no tenemos dinero, todo es fruto de cifras. Desde hace unos años a esta parte el dinero se ha convertido en números digitales. Esas operaciones realizadas por nuestros antepasados, basadas en un apretón de manos con la posterior entrega de una buena cantidad de billetes ha pasado al limbo de los justos. Ahora se teclea un botón y por arte de magia figura en una pantalla una suma ingente de dinero, pero ¿podemos tocarlo?, ¿podemos contarlo?, fácil respuesta, no, y cualquier banco o caja puede atestiguarlo, al acudir a retirar una cantidad nada extensa de nuestro dinero, y recalco, nuestro dinero, nos lo niegan, dándonos un plazo de varios días para dicha entrega.

Por tanto, primer embuste del gobierno nacional y europeo, no existen los billetes.

Mientras desde todo el sistema, y cuando hablo de sistema no desligo un partido de otro, se intenta trasladar a la opinión pública un mensaje de calma, donde se incide en el bajo interés del préstamo concedido y en sus ventajas para el sistema financiero español.

Sin embargo, en un segundo plano indican que este crédito grabará sobre la deuda española, con lo que evidentemente (y no soy economista), España se endeudará no en 100.000 millones de euros, sino en esa suma más sus intereses. Para ser aún más exactos, el producto interior bruto (PIB) se va a hipotecar durante varias decenas de años. A ello debemos sumar la devolución de dicho préstamo, evidentemente España está quebrada por sucesivos gobiernos incapaces, con lo que para dicha devolución se procederá a una desaparición de los logros sociales conquistados antaño, convirtiendo a la gran clase trabajadora, la más amplia del espectro social, en puros esclavos sojuzgados por la bota demoliberal capitalista nacional y europea.

Esta es la realidad tangible y real, no lo que se intenta trasladar como un fenómeno normal y hasta positivo.

El sistema financiero español está hundido, sus directivos todavía tienen la desfachatez de irse con sumas de dinero en forma de pensiones astronómicas. Pero antes de toda esta circunstancia, asistíamos impávidos a informes trimestrales sobre ganancias en los diferentes bancos y cajas españolas. Cuestión automática, ¿dónde están esas cantidades de dinero? Todo ha sido una mentira, perfectamente orquestada por todos y para todos, siendo lo más grave, asimilada por los ciudadanos, ya que el libertinaje campaba y campa a sus anchas.

Nos hallamos en pleno proceso de descomposición; económica, moral, social, religiosa, intelectual y cultural. Es decir, somos un enfermo con un cáncer rabioso, extendiéndose la metástasis por todas partes. Lo peor de todo ello es la solución. A pesar de quimioterapia, radioterapia u operaciones quirúrgicas, no tiene ninguna solución.

Por eso ha llegado el momento de enarbolar una nueva bandera, la de los principios, los valores, los credos, todos ellos nos hicieron grandes, únicos y libres, sin permisos tutelados de nadie ni de nada.

Cierto es que el marxismo es la tendencia más ignominiosa para el hombre, pero no menos cierto lo es el capitalismo, verdadera faz hambrienta en busca de la dignidad humana. Tenemos que encaminarnos hacia un sistema nuevo, debemos levantarnos para convertirnos en voz de los oprimidos, de los desheredados, tenemos la obligación moral de cambiar este sistema perverso dónde el hombre vale lo mismo que un plato de lentejas.

A Jesucristo se le traicionó con unas monedas de oro, a los españoles se nos ha traicionado con el capitalismo demoliberal.

Decía Santo Tomás: “No importa, ellos tienen el poder, pero nosotros, poseemos lo más importante e irreducible, nuestra fe”.

*Historiador.

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Que nadie llore por esta falsa democracia

 
Francisco Rubiales.- 
La falsa y degradada democracia española está acorralada y sin salida, con el pueblo inquieto, con muchos ciudadanos protestando en las calles, con los mercados atacando con extrema hostilidad, sin credibilidad internacional, sin propósito de enmienda creíble, con sus socios europeos negándole el dinero que necesita para sobrevivir y con el Congreso vallado y aislado de la sociedad, por puro miedo a la ciudadanía, una imagen dramática de un régimen que agoniza y se asfixia en el mar de excrementos que los mismos políticos han fabricado con la mentira, el despilfarro, la arbitrariedad, la corrupción y el abuso de poder.

El gobierno ha tirado la toalla y dice ya que nos ayudan desde fuera o nos hundimos. Han cometido muchos errores, desde despreciar a los ciudadanos has abusar del poder con iniquidad, sin desmontar el injusto e incosteable Estado de las Autonomías, manteniendo a legiones de enchufados y parásitos colocados en el Estado, sin otro mérito que tener carné de partido… pero el peor de todos los errores y traiciones ha sido creer que España podía resurgir sin el esfuerzo de todos, con la gente indignada por los desmanes del poder político, con la corrupción galopando por las tierras de España, con sólo los dictados de unos políticos que no representan a los ciudadanos, con gobiernos (de derechas o de izquierda, que lo mismo da), en los que ya nadie cree y a los que muy pocos respetan.

Muchos piensan que hay que llorar por la mal llamada “democracia española”, pero no es cierto. Algunos políticos y periodistas con tribuna en la televisión y la radio hablan con admiración de “nuestra democracia” y argumentan que hay que preservarla porque detrás llega el fascismo. Son verdaderos imbéciles o engañadores profesionales porque no merece la pena defender un sistema que de democracia no tiene nada y cuyo balance es tan desolador que ha llenado el país de desempleados y pobres, que arrebata sus hogares a cientos de miles de familias sin posibilidad de pagarlos, que obliga a varias generaciones de jóvenes a emigrar para encontrar empleo y que ha convertido a España en un país pordiosero que mendiga ayuda internacional para sobrevivir, además de líder en desastres y vicios como el blanqueo de dinero, la prostitución y trata de blancas, el tráfico y consumo de drogas, el fracaso escolar, la baja calidad de la educación, el rechazo popular a los políticos, el uso de la mentira como método de gobierno, los privilegios de la clase dominante, el mal funcionamiento de la Justicia, la creación de un Estado injusto y monstruoso, plagado de enchufados y parásitos, que cobran sin otro mérito que tener carné de partido y otras “lindezas” por el estilo.

Esa falsa democracia, que sólo es una sucia oligocracia de partidos preñada de corrupción o, para entendernos mejor, una dictadura camuflada de partidos políticos y de políticos profesionales e impunes, no merece una sola lágrima porque desde su nacimiento no ha sido otra cosa que una estafa, un régimen sin ciudadanos, una vía bastarda diseñada para sustituir el Movimiento Nacional de Franco por unos partidos políticos sin controles ni contrapesos, un cóctel hecho por cobardes en el que se hicieron concesiones inadmisibles a los nacionalistas y a las mafias regionales y locales, sin separación de poderes, sin leyes iguales para todos, sin elecciones realmente libres y sin una sociedad civil fuerte, que sirva de contrapeso al poder. Ni una sola de las reglas básicas de la democracia se cumple en este desgraciado y dramático “régimen” español, hoy hundido y a punto de entrar en quiebra total.

Si es cierto el sabio dicho de que “por sus frutos lo conocereis”, entonces la falsa democracia española es un guiñapo sin valor alguno. Un sistema que ha permitido que los desalmados que gobernaban saquearan las arcas públicas, sin devolver lo robado, y que ha dilapidado la riqueza creada, despilfarrando, endeudándonos hasta la locura y desprestigiando el sistema y la nación en todos los ámbitos imaginables, sobre todo en los mercados y en las cancillerias de todo el mundo, no merece una lágrima ni siquiera un gesto de respeto, sino un entierro silencioso, en una fosa profunda, de la que nunca más vuelva a salir.

Un sistema que ha sido gobernado por los dos grandes partidos del país, turnándose en el poder y en el fracaso, compartiendo la corrupción y la rapiña, no merece una sola lágrima, sino un drástico cambio de rumbo que permita que la nación renazca con la limpieza, la verdad y la decencia que nunca tuvo desde que Franco murió.

Hay más de mil casos de corrupción abiertos por la Fiscalía Anticorrupción que afectan a los principales partidos del país, incluyendo a los nacionalistas, lo que significa que existen más de 10.000 casos graves, ya que las estadísticas dicen que sólo uno de cada diez casos reales ve la luz en los tribunales. Esa multitud impresionante de malversaciones, estafas, falsificaciones, cohechos, robos y otros muchos delitos, todos ellos integrados en el bloque siniestro de la corrupción pública e institucional, constituyen una base más que suficiente para que una Justicia solvente e independiente, si existiera, ilegalizara a los grandes partidos políticos españoles por haberse convertido en peligrosas asociaciones de malhechores.

En España no hay otra solución que empezar de nuevo y aplicar el sabio y conocido principio de que “todos los males de las democracias se curan con mas democracia”. En España, donde el nivel de democracia real es practicamente cero, hay que instaurar un sistema nuevo, con controles, leyes asumidas por todos, contrapesos, castigo para los canallas, participación ciudadana y grandes exigencias éticas y profesionales para los que aspiren al poder, todo lo contrario de lo que existe hoy, un sistema descontrolado donde cualquier canalla o sinvergüenza ha podido auparse hasta la cima, donde, con una impunidad insultante, los políticos y sus protegidos han podido robar, engañar y conducir al país hacia la ruina y el fracaso.

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Alfonso Ussía: “Hemos confundido democracia con silencio y libertad con hipocresía”



Alfonso Ussía/LR.- Me decía mi cada día más añorado Antonio Mingote: «Si dijéramos en público lo que manifestamos en privado, más de uno se llevaría un susto». Cierto como que existen las vacas lecheras. Hemos confundido democracia con silencio y libertad con hipocresía. Sólo se atreven a decir lo que piensan los que carecen de complejos.

El complejo de demócrata es tan nocivo como el complejo de inferioridad. Un demócrata, un ciudadano que respeta la opinión ajena, cumple con sus obligaciones tributarias, vive pacíficamente, supera las dificultades, acude a las urnas a depositar su voto y cree vivir en libertad, tiene todo el derecho del mundo a decir lo que piensa, aunque ello resulte políticamente incorrecto para los acomplejados. Aunque no me gustan algunas de sus artimañas, me tranquilizó lo que se atrevió a decir Basagoiti días atrás. «Me importan un bledo los enfermos de la ETA». Coincido plenamente en el bledo. Un Estado de Derecho, como lo es el español, no puede sostenerse camuflado en el eterno temor al qué dirán. Me importa un bledo el qué dirán a estas alturas de mi vida. Ha fracasado rotundamente el concepto de Estado de las Autonomías. Aquel «café para todos» ha terminado con nuestros recursos. España tiene en los actuales momentos 400.000 políticos que pagamos entre todos. A ellos hay que sumar los asesores personales.

España ha vuelto al feudalismo con diecisiete reyezuelos, dos de los cuales reinan y derrochan en sus territorios con un único fin: la escisión, el separatismo y la patada en el culo a quienes no hemos hecho otra cosa que soportar sus continuas impertinencias, y en el caso del nacionalismo vasco, su complicidad romántica con los asesinos. Adelgazar el Estado no significa reducir el número de ministros, de concejales y de asesores. Es más traumático, pero pronto se verían las excelencias de la buena cirugía.

El buenismo de nuestra Sanidad y nuestra Defensa no tiene parangón en ninguna nación civilizada y desarrollada. España es una democracia en la que insultar al Rey, vejar a los jueces y miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado y robar a la luz del día, se han convertido en «asuntos menores». Encarcelamos a los que roban gallinas y soltamos a los criminales terroristas por temor a un alboroto.

Tenemos un Tribunal Constitucional del que forman parte seis individuos que abren las puertas de las instituciones a los terroristas. Los seis, qué casualidad, designados por el PSOE. Tenemos presidentes de comunidades, es decir, representantes del Rey en sus territorios, que se sientan todos los meses con los terroristas para pactar el futuro.

Tenemos, en Cataluña, un Gobierno de la Generalidad que desobedece y tira a la papelera las sentencias del Tribunal Supremo.

Tenemos unos sindicatos que quieren quemar la calle con el dinero que le damos, no voluntariamente, los chamuscados o incinerados por su brutalidad del siglo XIX. Tenemos una Oposición desleal y antidemocrática que no ha sabido perder las elecciones, y un Gobierno pusilánime, acomplejado y a todas luces, ineficaz.

Tenemos una deuda con las víctimas del terrorismo, que en lugar de solventarla, la estamos aumentando con nuestra cobardía y silencio. Tenemos una nación maravillosa, España, masacrada por un Estado, su administrador, rotundamente nefasto.

Tenemos a una derecha que empieza a esconderse y a una izquierda que vive con ochenta años de retraso.

Tenemos una clase política – con excepciones –, singularmente lamentable. Y tenemos a nuestros soldados en Afganistán y en el Líbano, allá donde son enviados, cumpliendo con un espíritu insuperable, cuando en realidad donde nos harían falta es en Guipúzcoa. Y eso es lo que quería decir y que nadie se atreve. Ya hemos cumplido con Afganistán. Vamos a cumplir con España, y a ver qué tal.

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El coronel Alamán: la ira de las legiones



Eduardo Arroyo/El Semanal.- 
Estos días, hurgando entre el bazar de noticias basura que propalan en “portales” como “yahoo” u “orange”, me enteré del “arrebato” del Coronel Alamán. Es curioso como todas estas “webs”, presuntamente dedicadas a la “información”, sesgan las noticias -¡oh, casualidad!- de acuerdo con la peculiar visión que la izquierda tiene de las cosas. Si a esto se añade que el pipiolo que redacta la noticia -puede que hasta un proto-progre de facultad- goza de un amplio, cómodo y burgués anonimato para redactar sus titulares, uno debe concluir que no hay que hacerle demasiado caso.

Lo que sí parece un dato objetivo es que el coronel del ejército Francisco Alamán Castro pidió la ilegalización de los partidos separatistas, denunció la miseria moral de la clase política y subrayó que los militares obran por sentido del honor y del deber, cosa que se echa a faltar en los políticos. Puede que esto indigne a éstos últimos pero el caso es que algo similar piensan millones de personas. Afirma el coronel, aunque no he podido saber dónde, que “cuando se presenta el curriculum de algún nuevo cargo público, se dice que estuvo en tal sitio y que estudió en esa otra universidad. Pero nunca nos dicen si ese cargo público tiene sentido del honor o si se trata de una persona decente. Es por eso que muchos políticos no tragan a los militares, representamos esos valores que ellos no han tenido ni tendrán nunca”.

Es decir, mucha chaqueta y corbata para enmascarar la puñalada trapera con un sonrisa en los labios. ¿Miente el coronel? Cualquiera que haya asomado la nariz por el mundo de la política al uso podrá comprobarlo en su propia piel. Se indignan los políticos, pero lo piensa muchísima gente. El coronel ha puesto voz a lo que piensan millones. Sin embargo, discrepo del coronel en lo que a salvar al estamento militar en bloque se refiere: el régimen, más que militares, requiere funcionarios puros y simples precisamente porque sabe muy bien que un militar auténtico es mucho más que un empleado público o que un mero vigilante de seguridad. Por eso, como ha hecho el coronel Alamán, a veces toca no callarse aunque a uno le cueste el puesto. Igualmente por eso el coronel Alamán resulta un ejemplar bastante poco común. Al fin y al cabo, lo que denuncia Alamán no es de ahora ni tampoco nuevo. ¿Cuantos militares se han distinguido por la defensa pública de la patria en los últimos años? Más bien pocos y les ha costado muy caro ante una clase política que sabe hacer valer muy bien sus privilegios, cesando fulminantemente al discrepante.

Dice el coronel: “se puede ofender a Dios, se puede insultar a España, quemar su bandera, silbar su himno, denigrar a los héroes. Cualquier imán en cualquier mezquita puede defender las leyes islámicas. Cualquier artista puede denigrar las imágenes sagradas. Cualquier etarra puede dar su opinión en los periódicos… Todos tienen derecho a expresarse… menos los militares. Imagine qué ocurriría si el Gobierno amenazara con sancionar a los representantes del colectivo gay que insultasen a la Iglesia, una institución en la que se ven representados millones de españoles. Se armaría la de San Quintín. En cambio se nos pide a nosotros que nos callemos y nadie sale al paso”. Desde luego, nadie sale al paso, incluyendo a los propios militares.

En todo caso, nada de esto resta un ápice de valor a un hombre honrado que ha dicho lo que piensan millones. Sin embargo hay alguna idea, de entre todas las que se han debatido al respecto, que merece la pena ser discutida aquí. Resulta que al pie de una carta remitida al medio “Alerta Digital” (7.9.2012) por el propio coronel Alamán, y que lleva por título “El coronel Alamán a Juan Tardá: ´Si alguna vez pelease con usted sería de frente, no poniendo bombas como sus amigos de Terra Lliure´”, un valiente anónimo, de esos cuya arrogancia es directamente proporcional al poco valor empleado en sus acciones, escribe (sic): “Alamán, no te vas tu a comparar con el señor Joan Tardá que es un político electo y tu un militar proto-golpista con ínfulas de salvapatrias. Si te gusta esto de la dialéctica política y quieres debatir con el presentate a las elecciones pero sin uniforme y sin pistolitas, ¿Vale machote?”. Aquí hay una idea importante cuyo interés radica en su fuerza propagandística y en su nulo valor de verdad: la de que la opinión de Alamán carece de relevancia frente a la de un político electo. Y es que en realidad, para cualquier sociedad es anterior el ejército, a los partidos políticos. Mucho más cuando los actuales partidos apenas pueden ya ocultar sus rasgos plutocráticos, tal y como se evidenció en el debate en torno a la financiación de la Iglesia católica, cuya crítica se volvió contra los propios partidos de izquierda que hacían su tradicional y rancia campaña anticlerical.

El ejército representa la necesidad de toda comunidad por defenderse. En tanto que uno se defiende, uno puede reclamar su existencia y su derecho, y porque existe la comunidad que el ejército garantiza el partido político puede reclamar legitimidad. Pero si se trata de un partido que cree, en base a una serie de supuestos delirantes, que es la comunidad misma la que tiene que dejar de existir, que fomenta la disolución de la misma y que ha cesado de adoptar estrategias delictivas por razones meramente oportunistas -como decía cierta cucaracha en una carta dirigida a los “valientes” gudaris de ETA, allá por 1991-, entonces ese partido no solo es que por ser tal tenga menos legitimidad que el ejército, es que carece de legitimidad para debatir en sana pluralidad el modo de organización social de la comunidad en la que piensa desenvolverse. Por ello, la observación de nuestro “héroe” anónimo, recogida así mismo con motivo del debate en torno a las afirmaciones del coronel Alamán por varios egregios representantes del cartel político-mediático, carece de validez.

Y lo demás son bravatas que, en la tradición de la ERC, les serían difícilmente sostenibles de depender de su valor y sentido del deber, tal y como argumenta muy bien el coronel Alamán en el citado artículo de más arriba. De todos los partidos que reclaman la desaparición de España -una de las cuatro naciones más importantes de Occidente- el PNV es el más cómico y miserable, para lo cual basta recordar el episodio del “Pacto de Santoña” durante nuestra guerra civil, del que ahora se cumple el 75 aniversario. ERC en cambio, además de partido golpista -véanse los hechos de 1934- y “revolucionario” en el peor sentido de la palabra, tiene una historia cuajada por una extraña mezcla de bellaquería y sadismo, a la par que un notable sentido para la incompetencia política. “Cataluña no le tiene miedo”, espeta Joan Tardá al coronel. Naturalmente, Tardá, que no sabe nada de la Cataluña real, sino de la que él imagina -la de ERC- padece la misma psicosis megalómana que su colega Companys. No solo es que Tardá no sea “Cataluña”, es que esa “identidad” que el reclama no tiene nada que ver con lo que él piensa, más que en la medida en que su casta política pudre y deteriora el espíritu de la gente de aquella región.

Por todo ello no es de extrañar la indignación del coronel Alamán. El coronel se percata de que, mientras que a su gremio se le puede exigir la vida en el nombre de la patria, la casta política, desde los Tardá a los González, López, Fernández Díaz, Zapateros, Cospedales, Blancos y un sin fin de nombres vacuos, han hecho de una gran nación histórica una comunidad desmoralizada y sin norte. Este asunto, esa polaridad entre la frivolidad del político y el sentido del deber del héroe, viene ya de lejos en nuestra civilización, y data de la conocida carta de Marcus Flavinius, centurión de la segunda cohorte de la legión Augusta, a su primo Tertulio en Roma. Dice: “Nos habían dicho, al abandonar la tierra madre, que partíamos para defender los derechos sagrados de tantos ciudadanos allá lejos asentados, de tantos años de presencia y de tantos beneficios aportados a pueblos que necesitaban nuestra ayuda y nuestra civilización. Hemos podido comprobar que todo era verdad, y porque lo era, no vacilamos en derramar el tributo de nuestra sangre, en sacrificar nuestra juventud y nuestras esperanzas. No nos quejamos; pero, mientras aquí estamos impulsados por este espíritu, me dicen que en Roma se suceden conjuras y maquinaciones, que florece la traición y que muchos, cansados y conturbados, prestan complacientes oídos a las más bajas tentaciones de abandono vilipendiando así nuestra acción. No puedo creer que todo esto sea verdad, y sin embargo las guerras recientes han demostrado hasta qué punto puede ser perniciosa tal situación y hasta dónde puede conducir. Te lo ruego, tranquilízame lo más pronto posible y dime que nuestros conciudadanos nos comprenden, nos sostienen y nos protegen como nosotros protegemos la grandeza del Imperio. Si ha de ser de otro modo, si tenemos que dejar vanamente nuestros huesos calcinados por las sendas del desierto, entonces ¡Cuidado con la ira de las legiones!”.

Que tomen nota los Tardás y compañía. Los “bolínagas”, los “Txeroquis”, los “bildus” y compañía son en realidad perseguidos de pandereta que se crecen porque saben que frente a ellos no hay un enemigo en condiciones. Cuando lo tienen enfrente, la historia siempre les ha dejado en muy, muy mal lugar.

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lunes, 4 de abril de 2011

Se va el mamarracho indecente

Zapatero
"Dejémoslo aquí. Lo anterior bastaría para llevar a él y a todos sus ministros a la cárcel por algo muy parecido a la alta traición. Tratar al sujeto de indecente mamarracho se queda corto."
 
2011-04-03

Rodríguez carece de cualquier altura intelectual, pero es también un iluminado, o sea, un perturbado. Su pregunta a su madre en el lecho de muerte lo retrata, pero eso importa poco. Importa el balance de su gestión, que puede resumirse así:
  1. Una crisis económica con casi cinco millones de parados. Crisis que negó con descaro cuando aún podían haberse corregido algunas de sus causas, y que solo empezó a corregir sus efectos cuando le obligaron Obama y Merkel, contra la soberanía española. Esta es la fechoría ahora más visible, pero ni con mucho la más grave.
  2. Peor ha sido su colaboración con la ETA para destruir el Estado de derecho y la democracia, pisoteando la Constitución. No es que se compinchara deliberadamente con los etarras a ese fin, la dinámica es otra: él comparte con la ETA bases ideológicas clave, y de ahí viene su delito, de forma casi inconsciente.
  3. Y aún peor, dentro y a un tiempo por encima de esa colaboración con los asesinos, ha sido su impulso a la balcanización del país con estatutos "de segunda generación" que dejan en residual, en varias regiones, la unidad de España, creando de paso "naciones" y "realidades nacionales" que volatilizan la soberanía española.
  4. Quizá resulte de peor alcance político, aunque muchos no lo entiendan, su totalitaria ley de falsificación histórica, que pinta lo blanco negro y viceversa en la historia reciente del país. Esa ley infame deslegitima al franquismo, el régimen que presidió la reconciliación y la prosperidad de España, bases de la democracia, y exalta a un Frente Popular simplemente criminal (léase a Marañón o Besteiro, por ejemplo). Implícita pero irremediablemente, la ley pretende deslegitimar cuanto procede del franquismo, esto es, la Transición de la ley a la ley, la democracia actual y la monarquía. La colaboración con la ETA y la impulso balcanizante del país guardan relación estrecha con la ideología de esa ley. Como la guardan la resurrección de odios olvidados, las agresiones anticristianas, el apoyo al Islam, los ataques a la democracia y a la libertad de expresión, especialmente en Cataluña y Vascongadas, y por todo el país.
  5. Su política internacional ha apoyado al terrorismo islámico en Irak, a tiranos como Fidel Castro o Chávez o a Mohamed VI, más peligroso para España, se ha sometido obscenamente a Inglaterra en Gibraltar y debilitado la defensa de Ceuta y Melilla. Y se va con una agresión a Libia al servicio de intereses ajenos, habiendo llegado al poder en la onda de un atentado terrible que él consideró abyectamente un justo castigo por la intervención de Aznar en Irak.
Dejémoslo aquí. Lo anterior bastaría para llevar a él y a todos sus ministros a la cárcel por algo muy parecido a la alta traición. Tratar al sujeto de indecente mamarracho se queda corto. En general es necesario el respeto en las relaciones políticas, pero cuando las fechorías superan ciertos niveles, el respeto se vuelve desconsideración hacia los políticos decentes. 
Dada su ausencia de principios, su mendacidad y su ambición enfermiza, yo sospeché que sus maniobras recientes buscaban quemar a Rubalcaba y a la Doctora Burrianes, para salir él como solución al final, sobre todo si aparecía algún "brote verde" con que engañar a una sociedad a la que ha envilecido como nadie. Pero parece que ha visto demasiado negro su futuro electoral y ha optado por ahuecar el ala. El daño que ha hecho ha sido inmenso, y no debiera irse de rositas.
 

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sábado, 28 de agosto de 2010

Educación sexual

Polémica

 
 Pío Moa
2010-08-27

Me ha sorprendido oír a Pepe Domínguez, de ordinario tan agudo, explicar que él es partidario de la educación sexual, que la recibió ya estando en la escuela, que es conveniente conocer el propio cuerpo y que no le ha causado ningún trauma, más bien al revés...
Pero el argumento no me parece muy consistente. La experiencia particular cuenta poco cuando hablamos de asuntos generales. Hay quien se ha criado en un hogar con el padre borracho y la madre prostituta y ha salido un tipo sensato y talentoso, sin que ello aconseje criarse en una familia así. Cuando tratamos de la educación sexual o de cualquier otro tipo, debemos fijarnos en sus consecuencias generales.
Así, ¿cabe negar una correlación entre esa educación o lo que sea, y los altos índices de fracaso matrimonial, de fracaso familiar, de fracaso escolar, aborto y otros fenómenos relacionados, como la expansión de la droga, el alcoholismo, etc.? A mi juicio existe una correlación bastante clara. Porque la educación sexual no es, como se presenta, una enseñanza por así decir neutra, sino un adoctrinamiento en una determinada concepción ideológica de la sexualidad. Prácticamente se está adoctrinando a los niños en la idea de que la sexualidad consiste esencialmente en actos placenteros que da igual cómo se realicen, entre hombre y mujer, entre hombres, entre mujeres, en definitiva también con animales o con niños. Todas las formas de sexualidad, afirman, son equiparables en la medida en que proporcionen placer y responden a las inclinaciones de cada cual... Es la ideología típica de un dueño o dueña de burdel, la que cabría esperar de la "puta vieja Celestina", presentada como paradigma de progreso y liberación. Por supuesto, tales educadores no olvidan soltar algún rollete sobre la responsabilidad, el cariño y esas cosas, que quedan bien pero en ese contexto son solo adornos justificativos y sin efecto real.
Tal "educación" sexual se llamaba en otros tiempos perversión de menores, y no se da solo en las escuelas: toda la televisión basura, es decir, la mayoría de la televisión, constituye otra escuela a gran escala de tales enseñanzas. Hoy, una proporción muy elevada de los niños ha dejado de recibir ninguna educación significativa de sus familias, cuyo papel educativo ha sido sustituido por esa televisión, auxiliada por los emancipados profesores de enseñanza sexual, que además van de científicos por la vida, al modo como solían ir los marxistas.
Me recuerda la exposición de Tocqueville sobre el despotismo democrático: "un poder inmenso que busca la felicidad de los ciudadanos, que pone a su alcance los placeres, atiende a su seguridad, conduce sus asuntos procurando que gocen con tal de que no piensen sino en gozar". "Un poder tutelar que se asemejaría, a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero que, por el contrario, sólo persigue fijarlos irrevocablemente en la infancia".
Una "educación sexual" en manos de delincuentes como los políticos actuales no me parece, francamente, que pueda producir otra cosa que delincuentes semejantes, ojalá me equivoque; en todo caso va enfocada en esa dirección, no podría ser de otro modo.

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sábado, 7 de agosto de 2010

La Constitución de 1978 (I)

   Así pues, la gestación del texto constitucional distó de ser muy democrática, pero de momento no encontró más escollos que la indignación de AP, resuelta con la escisión del partido. El asunto más escabroso --pero no el único-- fue el de las autonomías, concretado en el Título VIII y en la inclusión del término “nacionalidades”. En palabras de Herrero de Miñón, uno de los ponentes con mayor influencia, “comunistas y, más aún, socialistas, pretendían elaborar una completa nueva planta constitucional en la cual la Jefatura del Estado perdiera sus connotaciones históricas, la parte dogmática supusiera una transformación, cuanto más radical mejor, de la sociedad y la economía y las autonomías correspondieran al principio del federalismo”; en cambio interpretaba la postura de AP como un plan de “reformas parciales de las Leyes fundamentales franquistas” y adición de otras nuevas”; y afirma que UCD acertó “con un término medio: cambiar el Estado, y permitir el cambio social sin cambiar de sociedad ni de Estado” El aserto revela un optimismo exagerado.

    El Título VIII, referido a la organización territorial y en particular a las autonomías, resulta contradictorio, pues pretende por una parte establecer las competencias de las autonomías y las del estado central, y por otra parte vacía estas últimas advirtiendo que las autonomías podrán extender sus competencias (obviamente, a costa de las nacionales), y el estado podrá delegar las suyas. Pese a un afán ordenancista impropio de una Constitución, y a cautelas retóricas, las autonomías, en lugar de delimitarse, quedaron abiertas a una progresión indefinida desde un punto de partida más amplio que en la república, a interpretaciones, incluso al hecho consumado.

     La cuestión fue abordada por los partidos, señala Herrero de Miñón, desde tres enfoques distintos: a) los nacionalistas pretendían un reconocimiento nacional para Cataluña, apoyados por socialistas y comunistas, mientras que los nacionalistas vascos hablaban de “soberanía originaria”; b) los socialistas y comunistas defendían incluso el “derecho de autodeterminación”, es decir, la posible secesión; y c) la UCD y en parte AP pensaban en una “regionalización del Estado”, de inspiración orteguiana.

     Las aspiraciones de los nacionalistas catalanes y vascos no precisan aclaración. Algo más la coincidencia de socialistas y comunistas con ellos. Esa coincidencia era una tradición en el PCE, no así en el PSOE, que siempre había preconizado un centralismo incluso jacobino. El PCE, si bien centralista de hecho, siempre había incluido en su programa la “autodeterminación de las nacionalidades” al estilo leninista, según un modelo extraído de la experiencia de los imperios ruso y austrohúngaro, con nada en común con España. El PSOE de González y Guerra asumió en esto las viejas posturas comunistas, debido a un afán de radicalismo, a su visión negativa de España y a su antifranquismo, ya que el régimen anterior había defendido la unidad nacional.

    Menos esperable era la repentina inclinación autonomista de la derecha, entusiasta en casos como el de Herrero. En buena medida venía de la influencia orteguiana sobre la Falange, en este caso lo que Ortega había llamado “la redención de las provincias”. Según Ortega, España era un “enjambre de pueblos” y nunca se había “vertebrado” estatal y socialmente como era debido. El filósofo representaba un nacionalismo español “regeneracionista”, muy similar a los nacionalismos catalán y vasco por cuanto negaban como nefasta la historia anterior y pensaban tener la receta casi mágica para redimir a los pueblos y elevarlos a la gloria.

     Los análisis históricos y políticos de Ortega no cuentan entre sus mejores obras. Solían ser retóricos y creaban falsos problemas. “Ocurrencias”, las llamaba Azaña que, sin embargo, se parecía mucho a él en su adanismo hacia España y su historia. Ocurrencias a veces disparatadas, pero expuestas en lenguaje un tanto pomposo que seducía a muchos lectores. La política debía ser “una imaginación de grandes empresas en que todos los españoles se sientan con un quehacer”, señaló en su discurso del 30 de julio de 1931 en las Cortes. Azaña, a su turno, propugnaba en Barcelona, el 27 de marzo de 1930, “un Estado dentro del cual podamos vivir todos”, como si en España nunca hubieran vivido, mejor o peor, todos (los españoles, se entiende), como en los demás países europeos. Viendo el pronto desenlace de las “grandes empresas” orteguianas y de ese “Estado” tan especial de Azaña, cabe ponderar la peligrosidad de las grandes frases vacías, a medias exaltadas y a medias frívolas. Una de las ocurrencias de Ortega propugnaba la articulación de España “en nueve o diez grandes comarcas” autónomas, para las cuales “la amplitud en la concesión de self government debe ser extrema, hasta el punto de que resulte más breve enumerar lo que se retiene para la nación que lo que se entrega a la región". De este modo creía poder salvaguardar el principio de la soberanía nacional y contentar, más o menos, a los nacionalistas vascos y catalanes. Su discípulo Julián Marías observaría, en 1978, lo inútil y arriesgado de querer contentar a quienes no se van a contentar.

     Yacía bajo todo ello un serio temor a los separatismos vasco y catalán, pese a no haber supuesto ellos ningún peligro ni amenaza desde hacía cuarenta años. La razón no confesada de ese generalizado descrédito de todo centralismo provenía ante todo de la ETA y su contagio, aun si en mucha menor medida, a Cataluña, Galicia y Canarias. Ya vimos que la ETA era el único movimiento nacionalista que había surgido con algún impulso durante el franquismo, ya muy al final de este y, por las razones ya expuestas, había adquirido una excepcional relevancia política. No debe olvidarse que el terrorismo ha ejercido una profunda influencia corrosiva y corruptora en España, más que en cualquier otro país europeo, ya desde el pistolerismo ácrata de la Restauración, a cuyo derrumbe contribuyó decisivamente; y siempre por las mismas razones: la explotación política de los asesinatos por otros partidos teóricamente moderados.

      De los tres enfoques autonomistas terminaría imponiéndose el de UCD muy hibridado con el de los nacionalistas, dando lugar a un autonomismo funcionalmente similar al federalismo, pero sin delimitación clara. Sobre todo el ministro adjunto para la Regiones, Clavero Arévalo, propugnó la generalización de las autonomías, creyéndola un modo de disolver los separatismos, mientras que Herrero insistía en unos “derechos históricos”, “singularidades históricas” de Cataluña y Vascongadas, que no autorizaban la homogeneidad autonómica. Herrero asimilaba la situación española a la de Gran Bretaña, un verdadero dislate histórico, y llegó a declarar: “La Constitución puede pasar. Ni España, ni Cataluña ni Euskadi pasarán”; igualaba así las tres entidades y recogía el término inventado por Sabino Arana para incluir Navarra y los departamentos vascofranceses. Quizá influyera en tales actitudes el hecho de estar casado con una señora emparentada con dirigentes sabinianos. Suárez, más reticente a las tesis del PNV, pensaba que UCD y PSOE harían la política real en las Vascongadas, ante un radicalismo nacionalista al borde de la ilegalidad.

    Probablemente el enfoque más razonable fuera el propuesto por el nacionalista catalán Roca Junyent en un momento en que, ante las dificultades y diferencias, habló de reducir el texto a unos principios genéricos a desarrollar luego, y restaurar el estatuto de 1932. Pero ello no ocurriría.

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lunes, 2 de agosto de 2010

Por qué atraía tanto el marxismo

IDEOLOGÍAS
Por Pío Moa
Entendemos o interpretamos el sentido de los actos cotidianos en función de su finalidad: hacemos tales cosas con tales motivos y fines, aun si a veces el motivo se hace inconsciente por la costumbre o por otras razones. En cambio se nos escapa el sentido o finalidad general de la vida de cada uno y, más ampliamente, de la actividad humana en general.
Intentamos penetrar el sentido mediante, por ejemplo, el estudio de la historia, pero nunca, al menos hasta ahora, lo hemos logrado, ni librado nuestra psique de la sensación inquietante o angustiosa del misterio. En esa inquietud esencial acerca del sentido de la vida se fundamentan las religiones y las ideologías.
Hay una diferencia clara entre las ideologías y las religiones: estas exigen la fe, intuyendo que la respuesta a las preguntas básicas excede de nuestra capacidad racional: en el cristianismo, Dios decide sobre el significado de nuestras vidas y de la historia, y aunque sus designios sean inabarcables para el hombre, este puede acceder en parte a ellos, mediante la razón y la fe. Las ideologías, por contra, suponen que la razón (o la ciencia) deben ser suficientes, pues incluso si por encima de todo existiera algún ente misterioso, al ser este inasequible a la razón, carecería de toda relevancia práctica para el hombre. En la realidad de la vida solo podemos valernos de nuestras capacidades intelectuales, y las inquietudes que no pueden tener respuesta deben desecharse como cuestiones absurdas, sin significado.
Pero entonces, ¿cómo explicar que la humanidad haya vivido durante muchos milenios bajo los absurdos religiosos sin haber concluido hace mucho tiempo en un total colapso? La ideología suele resolver el problema por la vía rápida: condenando como bárbaros y oscurantistas los tiempos anteriores a las explicaciones ofrecidas por el ideólogo. Esta postura, típica de los utopistas, irritaba a Marx como prédica vana y deshonesta por parte de "un profeta inspirado ante unos asnos boquiabiertos". Era preciso aplicar, no vanos moralismos, sino el estudio científico de la sociedad, que debería aclarar, por un lado, las causas por las que la historia había sido como había sido y por otra abrir un camino fundado en la ciencia para emancipar al género humano. Así, explicaba la religión de un modo sugestivo: se trataba de fantasmagorías nacidas de la parcial impotencia humana antes de conocer la ciencia. La idea no era nueva, pero, añadía Marx, la función religiosa había consistido en justificar los intereses prácticos de las clases dominantes y aquietar a las dominadas pretendiendo que orden social respondía a la voluntad divina y dándoles esperanzas de resarcirse en el otro mundo. Así, la religión no respondía a una vana y pueril inquietud ante el misterio de la vida, sino que, partiendo del miedo, cumplía una misión social muy práctica, "materialista". Con ello, el marxismo ofrecía un nuevo sentido a la vida: la lucha por abolir la división de la sociedad en clases, que abriría al ser humano horizontes de impensable maravilla a partir de una época en que el llamado capitalismo había sentado las bases de la abundancia general, aunque al mismo tiempo impidiera a la mayoría disfrutar de ella.
Esta concepción tenía un poderoso atractivo por cuanto sustituía a la religión ofreciendo a la vida una esperanza y un sentido "materialista", palpable y no nebuloso, basado en la economía y la ciencia. Tenía otra virtud, pues marcaba un blanco claro a los resentimientos personales y sociales: el capitalismo explotador, el enemigo a destruir por el bien de la humanidad. Ello es muy importante, porque al marxismo cabe hacerle la misma crítica que él hace a la religión: bajo las grandes e ilusorias promesas de "realización" o "desalienación" del ser humano yacían motivos más prácticos, incluso sórdidos, en todo caso menos sublimes, como el de ocupar el lugar de los ricos y los poderosos. Y ello en grados muy variables según las personas, desde el comunista más vulgar que bajo la jerga política aspiraba meramente a apoderarse de los bienes de los ricos, hasta el obsesionado por un poder a escala nunca vista, un poder absoluto, capaz, mediante la ciencia y la técnica, de transformar al mismo ser humano. Según Marx, Prometeo era el único santo a considerar por la filosofía, y los nuevos prometeos resultarían los jefes marxistas: los sistemas comunistas han testimoniado un ansia de poder realmente titánica, y al mismo tiempo su fracaso.
Además, el marxismo alejaba la incómoda sensación de culpa personal propia de la religión. Ante el fin propuesto, ante el sentido real de la vida, por fin descubierto, los humanos sumidos en la ignorancia y el atraso, opuestos deliberada o inconscientemente a la emancipación de la humanidad, debían ser arrojados al "basurero de la historia", lo que en la práctica podía significar el exterminio puro y simple. No necesariamente, claro, si se sometían de forma absoluta al nuevo poder. En todo caso, ningún "ser supremo" iba a exigir cuentas a nadie después de la muerte.
El marxismo atrajo a millones de personas por muy diversos motivos concretos, pero debajo de todos ellos yace, creo, la sensación de haber hallado un sentido a la vida y a la historia, que incluye la liberación de las limitaciones propias del ser humano. Liberación finalmente ilusoria, castigada con su propia realización material, como en el mito prometeico.

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sábado, 31 de julio de 2010

De la revolución al separatismo

Nacionalismo

Pío Moa
 
2010-07-28

O, más justamente, de la revolución obrerista a la revolución separatista, pues se trata en los dos casos de auténticas revoluciones, ya que se proponen cambios históricos radicales. España se enfrenta a una larga serie de problemas, ligados entre sí, pero tal como en los años 30 el problema más decisivo era el revolucionario, que abocó a una guerra civil, en la actualidad es el separatista. Quiere esto decir que resolver ese problema contribuiría a la solución de muchos otros. Por lo tanto es preciso dedicar las energías principales a afrontarlo, y tal debe ser el punto clave de un programa político.
Es precisa una visión clara del asunto: no basta señalar la evidencia de que el separatismo es cosa de minorías y de políticos corruptos, etc., ajenos a la masa de cada región, porque la masa siempre es dirigida por alguna minoría (todo partido lo es), y frente a esas minorías más o menos separatistas no existe hoy ninguna minoría organizada opuesta. No lo son, desde luego, el PP ni el PSOE, pues ambos contribuyen al proceso de descomposición de España. Y contribuyen no sólo por pasiva, al aceptar la iniciativa separatista con más o menos restricciones, sino también por activa, impulsándola como ha hecho el PSOE con el estatuto catalán, o imitando ese estatuto en Valencia o Andalucía, como ha hecho el PP. Todo ello deslegitima a esos políticos. Paralelamente, la información de la inmensa mayoría de la gente sobre esta cuestión crucial es rudimentaria y falseada por mil prejuicios.
Vidal-Quadras lo ha explicado así: los separatistas de diversas regiones tienen un plan, consistente en disgregar España, concebida como un mal histórico. Un plan que llevan más de un siglo persiguiendo tenazmente, adaptándolo a las circunstancias de cada época, y que en varias ocasiones, pero principalmente hoy, han parecido próximos a realizar. Y frente a ese plan no existe hoy un plan contrario capaz de reconducir el proceso, pues hasta ahora no se ha pasado de las críticas y las denuncias dispersas, a menudo en plan francotirador. Y quien tiene un plan termina por ganar la partida a quienes actúan de forma divagante, sin un objetivo preciso.
La gravedad de la situación radica precisamente ahí. Frente a los proyectos revolucionarios de los años 30 (que incluían el separatismo, aunque en segundo término), existían proyectos opuestos, sobre todo el de la CEDA, si bien estuvieron a punto de ser anegados por la marea revolucionaria e izquierdista. En la actualidad, el empuje separatista es incomparablemente menor que el revolucionario de aquellos años, pero extrae su fuerza y audacia precisamente de la ausencia de una oposición estructurada. No obstante, en España es tradición que cuando las clases dirigentes fallan, como en el caso de la invasión francesa, el pueblo tome los asuntos en sus manos. Y ahora es la ocasión. Todos los partidarios de la unidad de España deben plantearse seriamente cómo invertir la presente deriva balcanizadora.
 

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sábado, 17 de julio de 2010

Más sobre homosexualidad y homosexualismo

Réplica a Esplugas

Pío Moa
2010-07-16
En la polémica sobre la homosexualidad ha intervenido ahora el señor Esplugas con un artículo algo confuso y palabrero, como suelen ser muchas discusiones en España, sugiriendo además que homosexualismo y liberalismo van juntos. Para no perder el tiempo, resumiré algunas cuestiones básicas:




  1. Una cosa son los homosexuales y otra el homosexualismo, como una cosa son los obreros y otra el marxismo, o las mujeres y el feminismo, o los catalanes y el nacionalismo catalán, etc. Esas ideologías se dicen, falsamente, representantes de los homosexuales, los obreros y demás, y pretenden transformar la sociedad de acuerdo con sus particulares concepciones.
     
  2. El término "GAY" se ha interpretado como "Good As You", pero no es verdad. Un homosexual puede ser tan bueno o mejor que la mayoría como arquitecto, nadador o matemático, pero su homosexualidad no será "tan buena" como la normal: seguirá siendo una desgracia, que puede afrontar mejor o peor. Por hacer una comparación trivial, un cojo puede ser un gran empresario o científico, pero no logrará convencernos de que andar cojeando es tan bueno como andar normalmente.
     
  3. Tampoco lograrán convencernos –ni convencerse– de que el único problema consiste en la actitud de la gente con respecto a esas desgracias o a cualesquiera otras, o de que solo hay desgracia si uno se siente desgraciado. Se trata de la idea de que la realidad no existe, que solo existen constructos o invenciones mentales, y que basta cambiar el punto de vista sobre la realidad para que esta se transforme en otra cosa. "La mujer no nace, se hace", decía Simone de Beauvoir, y esa concepción se ha extendido mucho. Este modo de ver las cosas es inconsecuente, porque entonces valdría igual un punto de vista que otro, una opinión que otra, etc., ya que todas son invenciones en el fondo arbitrarias. Valdría tanto, por ejemplo, el homosexualismo como lo que llaman la homofobia. Pero ahí las ideologías se detienen: solo valen los puntos de vista, las invenciones de ellas.
     
  4. La homofobia, como el antiobrerismo, el machismo o el anticatalanismo, son, en ese sentido, palabras-policía, intimidatorias, a fin de paralizar la expresión de ideas o puntos de vista no conformes a tales ideologías. Estas rebosan odio a sus contrarias, pero no toleran el mismo odio en las demás. Pretenden, incluso, crear leyes para perseguir criminalmente a quienes piensan u obran de modo diferente, y cultivan asiduamente el victimismo sobre el pasado para justificar privilegios y opresiones presentes a los que aspiran –y a menudo logran.
     
  5. El homosexual razonable no hace de su condición sexual el centro de su personalidad y de su vida, acepta su realidad si cree que no puede cambiarla, y la lleva con discreción, ya que se trata de un asunto íntimo, como debieran hacer también los heterosexuales, aunque hoy se procura ya desde la escuela destruir los sentimientos de pudor y otros parecidos. El homosexualista, más consciente que nadie de su desgracia, en lugar de asumirla intenta grotescamente convertirla en motivo de orgullo y obligar a los demás a creerla "good as you".
     
  6. El homosexualismo no se limita a decir que un homosexual es una persona y debe ser respetado. En realidad eso le importa poco y va mucho más allá. Hace de su condición sexual el centro de su pensamiento y de su acción, y pretende que la sociedad se conforme según sus teorizaciones. Necesita creer y hacer creer que el apego social a una sexualidad normal, a la reproducción, a la familia, al pudor, etc. son "prejuicios" que deben desarraigarse por todos los medios. El homosexualismo, el feminismo y otras ideologías "radicales" suelen ir juntos, con efectos "progresistas" como el creciente fracaso matrimonial y familiar, el auge de la prostitución en mil formas y otros muchos que en otro artículo he definido como índices de mala salud social.

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martes, 13 de julio de 2010

Homosexualidad y homosexualismo

Réplica a José María Marco

Pío Moa 
   "No niego a nadie tal condición de individuo por esto o por lo otro. Siento aversión por los manejos de las mafias rosas, por su victimismo enfermizo y exagerado, como si sus problemas fueran los más dignos de ser tomados en consideración.

2010-07-11

Titula José María Marco Homófobos en libertad su artículo de réplica a uno mío. El título suena algo amenazador, supongo que sin intención. ¿Habría que privar de la libertad a quienes odian a los homosexuales? ¿Habría que cerrar Intereconomía por homófoba, como pide el sindicato homosexual? Me temo que el odio es libre y opinable, mientras no dé lugar a conductas delictivas, y no puede convertirse el mismo en un delito. La sociedad está llena de esas fobias, a la Iglesia, a España, al liberalismo, a la democracia, a la familia, a "los yanquis", a Israel, a tantas otras. ¿Por qué habría que castigar unas expresiones de odio y otras no? Espero que mi contradictor, cuyos escritos me parecen por lo común admirables, no vaya por esa senda.
El término homofobia significa literalmente odio o aversión a lo igual, pero los movimientos homosexualistas lo han convertido en odio a los homosexuales y la RAE lo ha aceptado con corrección política. Pero la RAE debiera haber añadido a la definición: "según los movimientos homosexualistas". Incluso podría haber señalado que el término busca amedrentar y prohibir la expresión de quienes son definidos como homófobos por dichos movimientos.
A mi juicio, la homosexualidad es una desgracia y explicaré por qué, ya que Marco insiste. La sexualidad normal se establece entre hombres y mujeres, tiende a la reproducción y, quizá por ello, a una unión estable, se cumpla luego o no. Hay, claro, otras formas de sexualidad, entre ellas la homo, pero defectuosas a mi entender. En ellas el acto sexual se convierte fundamentalmente en una diversión y un placer particular, sin importar de modo especial con quién o con qué, ni implicar otros sentimientos que los derivados directamente de ese placer o diversión (por supuesto, hay parejas homosexuales muy estables y afectuosas, pero ello es bastante raro y difícil, por la propia naturaleza de la relación, el "amor estéril"). Y esta es una ideología típicamente homosexual, también feminista, impuesta desde los medios de comunicación, el poder político, la enseñanza, el cine... con efectos sociales bien visibles.
La homosexualidad, en relación con la sexualidad normal, es una desgracia, como la cojera, la escasa inteligencia, la miopía etc. etc. Desgracias mayores o menores, nadie deja de padecer una o muchas, pero, por suerte, no son determinantes, salvo casos extremos. La vida humana se define, en gran medida, por el modo como se afrontan y superan las desgracias. Unos homosexuales superan la suya muy bien, y otros no. Para comprobar lo último basta ver la mala carnavalada del "orgullo gay", tanto en el espectáculo innoble que dan de sí como en la pretensión de hacer de su defecto una virtud, un motivo de orgullo. Es el mundo de lo grotesco, pero que, además, intenta convertirse en norma social. En fin, una cosa es la homosexualidad y otra el homosexualismo.
Pregunta Marco si en mi trato con homosexuales "obvio cualquier referencia a esta parte fundamental, afectiva y amorosa" de esos amigos o conocidos. Por supuesto, la obvio. Su sexualidad es asunto suyo y no me interesa más allá del dato general. Por lo mismo, suelo ser muy pudoroso con respecto a mi propia vida afectiva, y me desagradan las personas que exhiben la suya más de la cuenta. Aunque admito que ello es más bien cuestión de carácter.
También, según Marco, resulta "condenable moralmente y sin remisión quien niega a alguien su condición de individuo por una condición general, en este caso una condición sexual de la que no es responsable". En la última frase, así como en su exigencia de comprensión, revela Marco que él también considera la homosexualidad una desgracia; lo mismo con su ironía sobre "los agraciados y dichosos heterosexuales", que, como todos sabemos, no son en principio más dichosos ni agraciados que los homosexuales. Todo el mundo tiene sus problemas, y no hace falta ironizar. Por mi parte, no niego a nadie tal condición de individuo por esto o por lo otro. Siento aversión por los manejos de las mafias rosas, por su victimismo enfermizo y exagerado, como si sus problemas fueran los más dignos de ser tomados en consideración y, peor aún, por su utilización de ese victimismo como pretexto para imponer a la sociedad su particular y en mi opinión disolvente y liberticida ideología. No por ello dejo de considerarlos personas, de otro modo no me molestaría en decir lo que pienso sobre ellos.
En fin, sobre el "machismo" y la igualdad de oportunidades para las mujeres, le remito a mi ensayo sobre el feminismo que he publicado en mi blog. Y que, por supuesto, se puede discutir también.

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Van a por todas / La enfermedad del europeísmo

 
 
  La manifestación separatista de Barcelona ha sido impresionante. Si la policía, dirigida por separatistas, habla de un millón de asistentes habrán sido entre cien y doscientas mil, una cifra enorme en cualquier caso. Seguramente se concentraron allí todos los secesionistas catalanes más los partidarios del estatuto de nación asociada, todos ellos rupturistas con laa Constitución y la unidad de España. Ni son ni representan a la mayoría de los catalanes, como han mostrado las ridículas votaciones en los referendums ilegales recientes o la propia votación del estatuto; pero eso carece de verdadera importancia política, porque constituyen la fracción más activa, politizada y fanatizada de la población, mientras que los demás catalanes no solo carecen de representación (ni el PP ni el PSOE los representan, en realidad los traicionan) sino que constituyen una masa hoy por hoy amorfa, desorganizada, dispersa y sin apenas argumentario. Son las minorías las que arrastran a las mayorías, y las minorías claramente españolistas apenas existen, o carecen de dinamismo y de plan de acción, al contrario de las antiespañolas.

   En el programa Los últimos de Filipinas, del domingo pasado, señalaba yo cómo los separatismos en España habían cumplido un papel desestabilizador en los períodos de libertades, parasitando estas y facilitando el camino a las dictaduras, durante las cuales habían dejado de incordiar (salvo el caso de la ETA, de un separatismo nuevo, marxista, pero ya muy a últimos del régimen de Franco). Y Vidal-Quadras apuntaba a un dato crucial: “Efectivamente –vino a decir—los nacionalistas tienen un plan, el plan de disgregar España, y lo siguen en cuanto tienen oportunidad. Pero enfrente no hay plan alguno. Y quienes actúan de acuerdo con un plan, terminan ganando a los que no lo tienen”. Es más, terminan arrastrando a gran parte de sus adversarios que no saben adónde ir, como han hecho con el PSOE y el PP. Esta es la diferencia crucial, no la mera masividad de unos u otros en un momento dado. Los separatistas empezaron por tertulias insignificantes de personajes medio o más que medio chiflados, pero se han convertido en el mayor peligro para la continuidad de la democracia y de la propia nación española. Y frente a ello no valen las quejas ni los llantos.

   Tampoco creo que podamos consolarnos con la idea de que los separatistas, si se salen con la suya en Cataluña, nos libran de un problema y el país quedará más pequeño pero por así decir más saneado. La verdad es que el problema de Cataluña es el de toda España, y que los males que allí se perciben existen en todo el país, por lo que, más que en un “saneamiento” en cualquier sentido que se dé a la palabra, entraríamos en un proceso de desintegración.

    Urge, por tanto, pasar de lo negativo, de la mera crítica, menos aún de la queja, a lo positivo, a un plan de acción, esto es, a elaborar un programa político y una estrategia a partir de un análisis realista de la situación. Tarea para los pocos políticos demócratas y españolistas que quedan, a pesar de ser la población muy mayoritariamente demócrata y españolista.

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En Época

LA ENFERMEDAD DEL “EUROPEÍSMO”

   En un reciente encuentro en la Fundación Concordia salí al paso de una idea difusa, pero extendida, según la cual España lo debe todo a “Europa”, entendiendo por Europa lo que tradicionalmente se ha entendido en la paletería intelectual hispana: Francia, Inglaterra y Alemania, y sin siquiera percibir las profundas diferencias entre las tres. Esa mentalidad viene de lejos, y Ortega y Gasset la resumió en la frase ilógica, por no decir estúpida, “España es el problema y Europa la solución”; para lo cual inventó otras tonterías como la de la “tibetanización” de España. Ortega, cuando descendía al terreno histórico-político, solo tenía “ocurrencias”, como señaló Azaña y he analizado en libros recientes. 
   Opiné en la citada fundación que un factor de nuestra debilidad radica en esa falta de autoconfianza, en la creencia de que sin “Europa” no haríamos más que brutalidades, de que le debemos desde los fondos de cohesión hasta la democracia o la propia civilización, y la esperanza de que el mero hecho de estar “en Europa” nos permita resolver nuestros problemas, desde el económico al separatista. Este sentimiento, tan cultivado por políticos e ideólogos de tres al cuarto, es realmente corrosivo y solo se apoya sobre la ignorancia o la falsedad. Y al destruir la confianza en nosotros mismos como nación, nos vuelve incapaces de afrontar nuestros problemas.

    Expondré algunos aspectos del pasado reciente que abonan una razonable confianza en nosotros mismos. En primer lugar, España supo mantenerse al margen de las dos gigantescas guerras europeas del siglo XX, comparada con las cuales nuestra Guerra Civil no pasó de un episodio menor, tanto por el número de víctimas y destrucciones como por la crueldad empleada por todos los bandos. Neutralidad difícil, pues no faltaron políticos demagogos y progresistas ansiosos por embarcarnos en esas contiendas, como Romanones en la Primera Guerra Mundial o Negrín en la Segunda.

   Nuestros “europeístas” suelen motejar de “perdidos” los años del franquismo hasta 1959, afirmando que tardó mucho en recuperarse la renta de 1935. Pero los cálculos varían mucho de un economista a otro, y casi todos “olvidan” que Inglaterra tuvo a medio gas la economía española durante la guerra mundial, y que luego vino un aislamiento internacional absolutamente injusto, por cuanto los Aliados debieron mucho de su victoria final a la neutralidad española. Y suelen olvidar que el resto de Europa Occidental pudo rehacerse en gran medida gracias al Plan Marshall, negado a España. Pero incluso en tan duras condiciones el país avanzó, con mejoras decisivas en salubridad pública, esperanza de vida al nacer, enseñanza, sobre todo secundaria y universitaria, consumo de energía etc. Y ello, no solo sin Europa sino contra el aislamiento impuesto por Europa, solo superado en los años 50. Por cierto que la comparación de renta se hace con el año 1935, el mejor de la república, cuando lo adecuado es hacerlo con la primera mitad del 36, cuando el Frente Popular destrozó la economía española, siendo esa una de las causas de nuestra guerra.

  Aquel tipo de crecimiento más o menos “autárquico” se agotó en 1959, y el país supo cambiarlo con tal éxito que, sin estar en la CEE, embrión de la UE, España creció más que Europa, acercándonos rápidamente a su renta media. Tales logros no se han repetido desde que, como dicen los demagogos “entramos en Europa” (España siempre fue un país europeo)

   En cuanto a la democracia, casi toda Europa occidental se la debe directamente a la intervención de Usa en la II Guerra Mundial, mientras que nosotros nos la debemos a nosotros mismos, por evolución desde un régimen autoritario, no totalitario. Al igual que nos debemos la prosperidad anterior, y no al Plan Marshall, como ellos. Por tanto, menos beatería “europeísta”, pues nadie más que nosotros mismos va a resolver nuestros problemas.

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sábado, 10 de julio de 2010

Lo que hay y lo que falta

Crisis nacional
 "De todos los problemas que ha tenido España desde el "desastre del 98", el separatismo o balcanización es hoy el principal, después de haberlo sido durante mucho tiempo el revolucionario".
2010-07-08

Pío Moa
   
Desde 2004 tenemos un gobierno mafioso, esto es, ilegal e inmoral, conculcador de la Constitución, aliado del terrorismo, de los separatismos, de totalitarismos como el cubano o tiranías amenazantes como la marroquí, socavador de la independencia judicial, de la familia, fomentador de todas las formas de corrupción y que se siente heredero de un Frente Popular a su vez "rojo" y causante de la guerra civil.

Generalmente, la democracia tiene formas de contrarrestar las tendencias mafiosas presentes siempre en los partidos. Una es la independencia judicial, otra la libertad de expresión y otra la existencia de una oposición que frene al poder. Pero tanto la independencia judicial como la libertad de expresión han sido muy corroídas y se hallan muy acosadas; y la oposición ha dejado de existir desde el momento en que el PP ha caído bajo el poder de Rajoy y su camarilla, cuya política viene a ser casi la misma del PSOE. La última fechoría –por ahora– de estos políticos ha sido el estatuto catalán de estado asociado, que no de autonomía, fabricado por todos los enemigos de la Constitución y de España en obsequio a la ETA. Añadamos la crisis económica y una población en gran parte embrutecida por la telebasura, el botellón y el embuste sistemático sobre su propia historia, y tendremos "lo que hay". 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Lo resume Federico afirmando que "España no puede ser un régimen liberal y democrático enfeudado a una Cataluña despótica". Claro está. Ni a unas Vascongadas, Galicia o Valencia, Andalucía, Castilla la Mancha, etc., que por su propia cuenta siguen la misma vía del despotismo y la corrupción. Máxime cuando, como también observa Federico, la cuestión "catalana" es ante todo la cuestión de una clase política española desnortada o algo peor. Al final, de España no quedaría nada.

De todos los problemas que ha tenido España desde el "desastre del 98", el separatismo o balcanización es hoy el principal, después de haberlo sido durante mucho tiempo el revolucionario. Resolviéndolo se resolverían gran parte de los demás, tan agravados por el actual gobierno delincuente. Pero, como dice Vidal-Quadras y con otras palabras también Federico, los separatistas tienen un plan, saben lo que quieren, mientras que frente a ellos no existe plan alguno ni se sabe hacia dónde reman los partidos que se llaman "nacionales" y son, precisamente, antinacionales. Durante años, muchas personas, Federico de forma destacada, hemos defendido al PP como alternativa, aun si floja y llena de defectos. Hoy, se necesitaría una dosis demasiado alta de ingenuidad o tontería para ver en el PP esa alternativa. Existe un descontento extendido, bien manifiesto en las enormes manifestaciones de hace unos años, ahogadas precisamente por el PP, pero no surge el partido que pueda recogerlo y encauzarlo con un programa claro, democrático y español. Y esto es justamente lo que falta, a pesar de que las condiciones para crearlo son en general muy buenas. Si no surge ese partido, deberemos resignarnos a un proceso de descomposición, con probables violencias y "alternativas" estrafalarias o dictatoriales, en una dinámica tan conocida por los regímenes latinoamericanos.

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Victimismo homosexualista / Etapas del separatismo / Clases sociales



Me comentan sobre una tertulia televisiva en la que alguien se refiere a la época de Franco, "cuando los homosexuales eran perseguidos y se les aplicaba la ley de Vagos y Maleantes".
Eso de ennegrecer los tiempos de Franco para, por comparación, hacer colar las fechorías de nuestro tiempo de descomposición de la democracia, es un recurso muy empleado. Pero vamos a aplicar un poco de lógica: ¿cuántos homosexuales había en tiempos de Franco? Seguramente una proporción más o menos como la actual, aunque menos visible. Más de un millón, desde luego. ¿Cuántos presos había en las cárceles? Resulta que en las cárceles había unas 15.000 personas al final del régimen y menos todavía diez años antes, es decir unas cinco o seis veces menos que ahora. Era una cifra también muy inferior a las de los países europeos occidentales (y también había bastantes menos policías, y no existían las policías privadas que hoy proliferan). ¿Cuántas de esas personas estaban encarceladas por ser homosexuales? Desde luego poquísimas, si es que alguna. Debe reconocerse, pues, que si los homosexuales eran tan ferozmente perseguidos, la eficacia de la persecución era ínfima. En realidad un homosexual no era encarcelado por serlo, sino por otras causas, como escándalo público, pederastia o similares. Había homosexuales notorios y conocidos en diversas profesiones de proyección pública, como las artísticas, y, desde luego, también en las demás. La homosexualidad no estaba bien vista, y suscitaba muchas bromas y chistes, pero en la inmensa mayoría de los casos la persecución no iba más lejos de ahí.
 Un truco permanente de las ideologías es el victimismo, con el cual intentan paralizar la crítica a los dislates que suelen tratar de imponer: ¡ellos son las víctimas y tienen todo el derecho a una reparación sin límites! Por cierto, la Ley de Vagos y Maleantes no es franquista, sino republicana, propuesta o apoyada en las Cortes por el propio Azaña, en el verano de 1933.

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